“No se te nota”. Esta frase, frecuentemente dirigida a personas LGBT+, suele parecer un comentario inofensivo. En realidad, encierra una idea problemática: que la diversidad es aceptable solo cuando no se expresa abiertamente.
En el marco del Día Mundial de la Diversidad Sexual (25 de junio) y del Día del Orgullo (28 de junio), es importante reflexionar sobre el valor de la pluralidad en todos los espacios. En un contexto donde muchas personas enfrentan barreras para ser escuchadas y reconocidas, las organizaciones tienen la responsabilidad de reconocer la diversidad y promoverla activamente.
De acuerdo con datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), seis de cada diez personas LGBT+ en México consideran que su orientación sexual ha sido un obstáculo para acceder a un empleo. Incluso al lograrlo, el 70% percibe un trato desigual respecto a sus compañeros heterosexuales.1
En el ámbito laboral, estas desigualdades pueden reproducirse en culturas organizacionales que presionan a las personas a ocultar aspectos fundamentales de su identidad para “encajar”. Frente a este desafío -y ante el retroceso que en algunos países experimenta la agenda de derechos- las empresas tienen una oportunidad única: convertirse en espacios donde sí se note el compromiso con la inclusión, el respeto y la equidad.
Las organizaciones no son ajenas a los cambios sociales: forman parte activa de los entornos donde viven, trabajan y se desarrollan sus equipos. Por ello, cuando sus políticas, iniciativas y procesos se orientan a fomentar una cultura diversa, generan condiciones laborales más justas, innovadoras y competitivas.
Minimizar o relegar estas acciones a gestos simbólicos, modas pasajeras o campañas temporales implica un costo -humano y organizacional- que ninguna empresa puede darse el lujo de ignorar. Por el contrario, hacer visible el trabajo en Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) permite que todas las personas, sin importar su orientación sexual, identidad de género, raza, edad o capacidades diferentes, puedan aportar desde un lugar de seguridad y confianza.
Este principio es especialmente importante en sectores de alto impacto comunitario, como el de las telecomunicaciones. En ALTÁN Redes, asumimos la responsabilidad de transformar el entorno de quienes conectan a otras personas. Y eso comienza desde dentro: con un entorno laboral que celebre la diferencia y garantice la equidad.
Más allá del impacto social, los beneficios organizacionales son contundentes. Estudios internacionales demuestran que las empresas con mayor diversidad en sus equipos de liderazgo reportan mejores resultados financieros y mayor capacidad de innovación2. Además, organismos como Randstad destacan que una cultura inclusiva favorece la retención de talento y mejora el clima laboral3.
Entre los beneficios más claros se encuentran:
En resumen, visibilizar el compromiso significa ir más allá de una declaración de principios: es una estrategia con impactos tangibles. Requiere políticas claras, acciones concretas, indicadores de seguimiento y canales de comunicación que reflejen apertura y congruencia.
En sectores como el de las telecomunicaciones, la tecnología y la transformación digital -donde la conexión es el eje de todo- el vínculo entre inclusión y negocio es ineludible. Conectar personas implica reconocer sus contextos, necesidades y realidades. Si aspiramos a llevar conectividad a cada rincón del país, debemos asegurarnos de que quienes la diseñan y ejecutan lo hagan desde una visión diversa y representativa.
Un equipo con múltiples trayectorias y experiencias de vida puede detectar sesgos, ampliar la mirada sobre los públicos y crear soluciones verdaderamente accesibles. Trabajar por una cultura de inclusión no es solo una buena práctica: es una forma de alinear la estrategia de negocio con un propósito social.
Así, frases como “No se te nota” dejan de ser triviales cuando entendemos que reflejan estructuras que aún favorecen la invisibilidad. En el ámbito organizacional, perpetuar esta lógica es desperdiciar la oportunidad de construir entornos más justos, diversos y productivos.
Hacer que se note el compromiso con la inclusión es una respuesta activa a los desafíos de nuestro tiempo. Es proteger a quienes han sido históricamente marginados. Es fortalecer la capacidad de innovar y de crear soluciones más humanas y sostenibles.
En tiempos complejos, dejar huella en inclusión no es una postura: es una decisión estratégica.
Fuentes: